Publicado Por: Puerto Plata En Línea 09 mayo 2015

Este 2015 se cumplen 30 años del desembarco en El Caribe de la primera de las cuatro grandes cadenas vacacionales españolas, en un plan que estuvo capitaneado por Gabriel Barceló, quien por esta efeméride concedió una entrevista a la revista líder de Turismo en EspañaPreferente, detallando sobre la expansión que prendió el cambio mundial en el turismo de resorts, y que REPORTUR.mx ofrece a sus lectores a continuación, luego de que el Grupo Barceló se haya hecho con una importante participación Occidental Hoteleshace unos días.
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Gabriel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1928) es una leyenda viva del turismo mallorquín y mundial. Junto a su hermano Sebastián, convirtió la empresa de autocares de su padre en todo un imperio. Su olfato le llevó a aprovecharse del boom turístico en Mallorca con la apertura de Viajes Barceló. Luego llegaría la aventura hotelera, creando nuevos conceptos de establecimientos que se extendieron al resto de cadenas.
En los 80, decidido a sortear la crisis del petróleo, llegó la expansión al Caribe del Grupo Barceló. La apuesta por abrir en un país lejano y desconocido, como era entonces República Dominicana, con el Bávaro Beach, se convirtió en el inicio de una de las épocas doradas de la hotelería mallorquina.
Pregunta: El hotel Bávaro Beach se abrió el 1 de febrero de 1985. ¿Cómo fue el proceso? ¿Cómo surgió la oportunidad de abrir allí?
Gabriel Barceló: A finales de 1981 o en 1982, en España se estaba sufriendo la segunda guerra del petróleo que comenzó en 1979. Mi hermano y yo éramos los propietarios de las empresas, nos planteamos la posibilidad de hacer una inversión internacional. En España habíamos desarrollado ya tanto en la Península y Canarias, pero ese nuevo embate del efecto petrolífero nos planteó nuevos retos. A raíz de esto, yo estuve visitando diversos países entre el 80 y el 82 y por un cúmulo de circunstancias, llegué a Dominicana por primera vez en 1982. La primera impresión fue ambivalente.
Por un lado, una visión extraordinaria. En el Aeropuerto de Las Américas, en un trozo de brazo de mar, que se ve el Caribe desde antes de aterrizar. Y luego la carretera que va desde el Aeropuerto hasta Santo Domingo transcurre al lado de la costa. Hacía un día espléndido, sol caribeño. La luz de Santo Domingo me retrotrajo inmediatamente al sol de Mallorca. Fue una especie de flechazo amoroso. Y junto a esto, esa carretera estaba llena de escombros. Tenía innumerables baches, había que hacer equilibrios para circular.
En 1979, la Isla había sufrido uno de los peores huracanes de su historia, el huracán David. Había causado más de 2.000 muertos y había destrozado el país. Tres años después se notaba todavía los restos. El mallorquín oriundo de la isla de la calma que no sabemos de huracanes, el llegar allí y tener esa imagen de isla mágica y espectacular, y la ruina, fueron los impactos bastante notables.
Una vez allí, conozco a gente, entre ellos a un mallorquín hijo de dominicanos, que se llamaba Gabriel Ferrer, que en aquella isla hay muchos apodos y le llamaban Gabito. Siendo dominicano, hablaba mallorquín como si llevara toda la vida en Mallorca. Era de mi edad, tenía 60 años en aquella época. En seguida nos caímos bien, congeniamos.
En aquella época, en el país había una especie de fiebre del oro en bienes raíces. Todo el mundo se dedicaba a comprar y vender terrenos. Y Gabito, como no podía ser menos, con un grupo de siete y ocho personas, tenía también su terreno. Lo primero que quiso fue enseñármelo.
Antes, yo había contactado con el secretario de turismo de la época, Fernando Rainieri, quien me llevó en un avión del Gobierno a visitar Puerto Plata y Playa Dorada. En aquel momento el Gobierno dominicano acababa de terminar la urbanización de Playa Dorada, magnifica en un país donde no había infraestructuras: calles asfaltadas, palmeras en las orillas, jardines por todos lados… Se había terminado un aeropuerto internacional al que no había volado nadie. Se había construido un campo de golf junto a la urbanización. Lo había promovido el Gobierno dominicano para desarrollar el turismo y tenía mucho interés en que adquiriéramos un terreno ahí. Como no podía ser menos, yo me dediqué a ver otras cosas en el país. Vi otros lugares. Entre estos estaba el terreno Gabito, que se llamaba Bávaro Beach.
Me llevó el propio Gabito en una avioneta Cesna de cuatro plazas. Cuando íbamos al aeropuerto, le decía:
-¿Y el piloto?
-No te preocupes que te llevo yo.
Vamos al aeropuerto de Santo Domingo, de la ciudad, y sacó del hangar empujando su avioneta y ahí nos embarcamos. Salimos de Santo Domingo y vi campos de cáñamo que me dieron un relax porque dije, si aquí aterrizamos a la fuerza, caeremos blandito. Y así continuamos, desde Santo Domingo a Bávaro en avión hay unas 150 millas náuticas, una hora más o menos. Al aterrizar, el segundo dilema. Yo miraba, íbamos bajando y no había ninguna pista de aterrizaje.
-¿Dónde aterrizamos?
-¡Ahí, ahí!
Ahí era un campo del cual se habían cortado los árboles, que desde el cielo, como estaba verde, parecía un campo normal. Ahí era una zona llana, donde aterrizaban las avionetas. En este lugar teníamos unas motocicletas. Nos subimos y por la playa nos fuimos desde el aterrizaje a Bávaro. Ahí nos ve,  dos tíos de casi sesenta años, con las motocicletas por la playa haciendo equilibrios. Cuando el mar entraba en la playa,a había que bajar y empujar la moto. Y llegamos a Bávaro y era un paraíso. Un lugar donde no había nadie.
Ellos tenían una choza de madera y techo de cáñamo para refugiarse cuando llovía. Tenían un guardián que vigilaba la finca, porque cuando en el país te invaden la finca, para recuperarla hay que pagar. Y quedé deslumbrado. Un cocotal de 100 metros de profundidad desde la playa hacia el interior. Una arena blanca, como la de Es Trenc o Formentor. Al pisarla parecía polvos talco de tan fina que era. Un mar azul, verde, de mil colores, que no había sido pisado prácticamente por nadie. Porque la carretera más próxima estaba a nueve kilómetros de distancia. Y en el horizonte se divisaba una especie de línea blanca y aquello era una arrecife con el cual la playa estaba protegida por una barrera natural y extraordinaria. El mar era una piscina.
A mí me había gustado Puerto Plata. Me habían gustado otras zonas como la del Este, que había visto desde Santo Domingo pasando por Juan Dolio o Playa Romana. Había sobrevolado sobre la zona de Samaná, El Portillo, etc. Pero cuando vi aquello, dije: esta es mi casa. Y efectivamente. Negociamos y regresé con el acuerdo de comprar Bávaro al grupo de Gabito. En realidad fue una operación relativamente fácil porque ellos tenían muchas ganas de vender y yo muchas ganas de comprar, y fue una negociación rápida y fácil.
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Pregunta: ¿Cómo asumió su hermano la elección de invertir en Bávaro? ¿Qué pasos vinieron después de comprar el terreno?
G. B.: Regreso a Mallorca, le explico a mi hermano toda la historia. Le parece muy bien. Como siempre me decía cuando hacíamos cosas. Y empezamos a preparar el futuro.
Cogimos a nuestro pequeño equipo de arquitectos aquí en Palma. Empezamos a diseñar con ellos nuestro teórico nuevo resort. Y ellos a su vez se ponen en contacto con un grupo de arquitectos dominicanos para definir en plan maestro con el que íbamos a realizar el proyecto.
En este punto se produce una circunstancia muy rara. Me llamaron desde Madrid que había un señor que se llamaba Rafael Antonio Suberví que quería hablar conmigo. Se desplazó y me dijeron que su partido iba a ganar las próximas elecciones y que el señor Suberví iba a ser el próximo ministro de turismo. Le felicité por su nueva responsabilidad y efectivamente, y al cabo de unos meses, hubo elecciones. Supongo que debía ser el año 84. Efectivamente ganó las elecciones y Suberví fue ministro. Nos reunimos otra vez y le dijimos: tenemos nuestro plan maestro a punto pero tenemos un problema, No tenemos carretera. Si nos hacéis una carretera, os haremos un hotel de 400 habitaciones que en un año va a estar operativo.
En aquella época, en Dominicana, había un hotel turístico que era el Club Med, que estaba en la zona de punta Cana, de unas 200 habitaciones. Y había unos pocos hoteles de pocas habitaciones en la zona del Este más próxima a Santo Domingo como Boca Chica o Juan Dolio. Pero eran pequeños hoteles de 30, 20, 40 habitaciones. Y se estaba construyendo el primer hotel en Playa Dorada promocionado por el Gobierno. No había prácticamente oferta. Con lo cual un hotel de 400 habitaciones sonaba de forma espectacular.
Al cabo de un tiempo vino y nos dijo “la carretera no os la vamos a hacer porque no tenemos dinero. Pero la podéis hacer. Nosotros nos ocupamos de que os cedan los terrenos y vamos a compensaros con los impuestos que tengáis que pagar el coste de la carretera”. Mi hermano y yo aceptamos el nuevo riesgo, que ya teníamos de ir a un país distinto, una cultura distinta, a un país a 8.000 km de distancia. De ir a un país con ciertas dificultades propias de su bajo desarrollo económico y de las dificultades del huracán. Pero creíamos tanto en el proyecto que nos pareció que podíamos afrontar todas las dificultades que pudieran presentarse. Y así lo hicimos.
Pregunta: ¿Cómo fueron las obras de construcción del hotel?
G. B.: A principios de 1984 empezamos la obra. No sólo construimos el hotel, sino otra infraestructura. Empezamos por alumbrar un pozo de agua potable, que efectivamente en la propia finca. Empezamos con la carretera. Y junto con las obras del hotel, construimos la canalización del agua potable, que estaba tres kilómetros del hotel. La depuradora de aguas residuales, con todo lo que implica. Una central eléctrica. Y todo lo propio para operación de un hotel como lavandería industrial, panadería, etc.
El Gobierno le tocó la lotería porque no pusieron ni un peso. Solamente la autorización y nosotros hicimos todo lo demás.
Mi hermano, que llevó todo el peso de la obra, se iba cada mes durante este años, y se pasaba dos semanas de cada mes en la obra. Tuvo que hacer en la propia finca una fábrica de bloques de hormigón porque había que transportarlos desde 200 km de distancia. Era más fácil transportar el cemento y la gravilla, y con la arena que había, hacer los propios bloques.
Tuvimos que improvisar y hacer muchísimas cosas de todo tipo. Pero efectivamente, en febrero de 1985, nuestra mejor inversión turística en los largos años de nuestra actividad. Fuimos los primeros con diferencia en el Caribe. El éxito fue tan notable, que en julio de 1985 nos decidimos ampliar el hotel y construimos 200 nuevas habitaciones que estuvieron en marcha en diciembre de 1985. Y en 1986 empezamos la construcción del segundo hotel. Y al cabo de tres o cuatro años, el primer hotelero español que aparece es Luis Riu padre que se hospedaba en nuestro hotel en la zona de Arena Gorda. Luego continuó Meliá y a continuación todos los demás.
Pregunta: Una construcción de esas dimensiones debió suponer una ingente contratación de personal del país ¿Fue complicado?
G. B.: Tuvimos que construir unas barracas para albergar al personal que trabajaba en la zona. El transporte en aquel país era muy escaso. La carretera estaba fatal. La ciudad más próxima estaba a 40 km. Para que fuera eficiente la obra, había que tener a los los obreros en la propia finca. Tuvimos que construir comedores y albergar al personal. Trabajaban entre 500 y 1.000 personas allí en la infraestructura de la zona. Nos sirvió para el futuro porque en seis años construimos cinco hoteles con 2.000 habitaciones, un campo de golf, un casino y toda la infraestructura de calles, la carretera, cables de telefonía, etc.
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Pregunta: ¿Cómo fue la comercialización de un destino como República Dominicana que en aquel momento era desconocido sobre todo en España?
G. B.: En aras a la realidad, hay que decir prácticamente que no hicimos nada más que salir, unos meses antes de que terminara el hotel, a EEUU y Canadá. Y el hotel prácticamente se vendió sólo porque había tanta demanda y tan poca oferta, que fue muy fácil. Todo lo prueba el hecho que en el mismo año hicimos una ampliación y el año siguiente los cinco hoteles, porque cada vez que hacíamos una oferta, la demanda se multiplicaba.
Luego, a partir del año 2000, ya la cosa fue distinta. La oferta fue muy numerosa y empezaron los problemas de comercialización y competencia. Los primeros quince años fueron una posición predominante de demanda. Destacaría que Bávaro fue un hotel que un éxito desde el principio y lo siguió siendo un éxito 30 años después, lo que demuestra la fortaleza del producto y la suerte de descubrir un lugar tan extraordinario como este.
Pregunta: El invertir en un país casi desconocido, donde no se sabía si había demanda, ¿no hubo reticencias o miedo al riesgo?
G. B.: Por parte de la familia, las decisiones las tomábamos mi hermano y yo y estábamos de acuerdo. En aquella época lo llevábamos todo. Por parte de la sociedad, nos consta que hubo comentarios de que en esta ocasión nos íbamos a estrellar y en el país, en Dominicana, había quizás un poco de estupor porque no era normal que se presentaran unos extranjeros que hicieran una inversión multimillonaria en dólares y que la hicieran con la forma y con la rapidez y la decisión que la hacíamos.
Mi hermano me comentaba las dificultades de suministro que teníamos. En aquel país, comprar para 400 habitaciones era inexistente, incluso los hoteles de Santo Domingo, con hoteles de talla internacional, que había en el país, que había cinco o seis en aquella época tenían entre 100 y 200 habitaciones. Ni los proveedores de obra y ni de alimentos estaban en condiciones de ofrecer esto. Y esto fue también una bendición para España, porque nosotros, que por cierto fuimos muy criticados por ciertos políticos y todos los sindicalistas, que nos llevábamos los beneficios de España al extranjero, cuando se ha demostrado con el tiempo que fue el mayor acierto que tuvimos en nuestra historia. Entonces, por una parte, nosotros contribuimos de forma notable al país de destino. Allí hemos aportado miles de millones de divisas en un país que lo necesitaba. Allí hemos pagado millones de impuestos porque a pesar de que los primeros 10 años tuvimos una exención de impuesto de beneficio, pero no teníamos exención de pagar impuestos el típico IVA y otros impuestos indirectos.
Y luego, después de cumplida la exoneración de impuestos, hemos pagado cientos de millones de pesos, hemos creado miles de puestos de trabajo, que les hemos dado la oportunidad de desarrollo profesional. Hoy, en nuestros hoteles, hay directores dominicanos, chefs de cocina, barmans, jefes de servicios técnicos… Hay una cantidad de técnicos de primer nivel que se han ido haciendo con los buenos técnicos españoles que los primeros años tuvimos que desplazar a Dominicana porque no existían.
Esa fue una transmisión de ‘know how’ que hemos hecho de España a este país, que es impagable. Pero además de todos los beneficios de Dominicana, porque hemos desarrollado la industria alimenticia, la industria de la construcción, detrás de nosotros vino tanta gente que hubo que hacer muchas cosas, había que importar de EEUU o de España, mientras ahora se fabrica en el país. Hemos ayudado no sólo al desarrollo turístico del país. Bávaro es la primera zona del Caribe. El aeropuerto de Punta Cana es el primer aeropuerto del país con diferencia sobre la capital, Santo Domingo.
Pero también ayudamos al desarrollo de España con la exportación de bienes. Porque todos los grifos de los primeros hoteles de Bávaro eran españoles. Las cocinas industriales… Hemos exportados los vinos españoles. Materias primas y muchas otras cosas. Hemos desplazado nuestros profesionales, con lo cual hemos creado puestos de trabajo en España. Pero la miopía sindical nunca lo vio.
Y además, con los beneficios generados, hemos vuelto a reinvertir en España, cosa con la que cual habíamos tenido muchas dificultades si no hubiésemos tenido esas posibilidades que nos ha ofrecido el turismo del Caribe. Porque España, durante esos treinta años, ha atravesado una cierta crisis, ya que la competencia ha sido excesiva y se han degenerado los precios, y los beneficios empresariales han sido escasos y en ocasiones ha habido pérdidas. Con lo cual se han podido superar con los beneficios obtenidos en el Caribe.
Pregunta: ¿Sigue teniendo el Caribe margen de crecimiento o conviene ya mirar a otras latitudes?
G. B.: Precisamente con lo de Bávaro hay que destacar que nosotros hicimos un proyecto que mis hijos y mi sobrino, que son los que llevan ahora las empresas, desarrollaron un proyecto parecido en Riviera Maya, donde también hay en estos momentos cinco hoteles con 2.750 habitaciones. Y los dos resorts son la columna vertebral del grupo en estos momentos. Me alegra que ese 30 aniversario coincida con una elección que yo no hubiera tomado. Y que con mucha preocupación tomaron mi sobrino y mi hijo de renovar la planta de Bávaro a partir del año 2009. Desde aquel momento hasta 2012, hicieron una renovación, una mejora total de Bávaro, en la cual invirtieron más de 300 millones de dólares. Y probablemente, yo no la hubiera hecho porque con mi edad no me habría atrevido tomar una decisión de esta envergadura.
Y desde el año pasado, hacen exactamente lo mismo en la Riviera Maya, donde ya llevamos más de veinte años. Reinvirtieron una cantidad importante. Con lo cual, eso demuestra, que sí, que hay confianza en el Caribe, y de hecho tenemos muy buenos resultados. Lo cual demuestra una vez más lo que ya es histórico, que el turismo es un sector mucho más sólido de lo que se ha querido dar a entender los cincuenta años de historia que tenemos en nuestro país. Hace muchos años, gente de gran nivel despotricaba contra le turismo. No invertía en el turismo. Banqueros que no concedían créditos al turismo. A través desde esos últimos 40 años, ha demostrado su fortaleza en muchas ocasiones. Es el sector que más rápidamente se recupera de una crisis, como lo ha demostrado España mismo en los últimos cinco años. El turismo, ante cualquier crisis, tiene una pequeña oscilación hacia abajo, en general, menor que las de los otros sectores. Y se recupera en general de forma mucho más rápida que los demás sectores. Y tenemos pruebas innumerables en estos 40 años.
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Pregunta: ¿Los momentos más duros son siempre por huracanes?
G. B.: Creo que sí. Porque ha habido crisis políticas en diversos momentos. Ha habido crisis económicas. Ha habido brotes sociales, muy pocos en general. Porque todos esos países prosperan bastante gracias en gran parte al turismo. Y luego en estos momentos creo que en Dominicana el sector turístico el número uno de la economía del país. Y en México ya tiene un peso notabilísimo.
Pero probablemente los efectos más devastadores han sido estos, los climatológicos, porque en algunos momentos recortaron el tráfico de personas, con el cierre del aeropuerto de Punta Cana o Cancún. O se han destruido o deteriorado gravemente hoteles o grandes infraestructuras de los hoteles que han impedido prestar servicio y han tenido que recuperarse con los costos que todo estos supone. En general, hay que decir que a pesar de algunos sustos, el problema ha sido perfectamente asimilable. Ha habido sustos, problemas, ha habido que tener un buen seguro que nos ha protegido en estos casos. Son los clásicos tropiezo que cualquier emprendedor conoce.
Pregunta: ¿Cree que la sociedad sigue sin reconocer la solidez y la aportación del turismo?
G. B.: Yo siento que la sociedad civil sigue sin reconocer los grandes méritos del turismo. En una sociedad como la mallorquina, nos ha trasladado de la pobreza al confort. Recuero a mis familiares, mis abuelos, tíos, que tuvieron emigrantes a países de América Latina o Europa porque no podían sostener a sus familias, aun siendo propietarios de pequeñas propiedades agrícolas. Y eso ha cambiado radicalmente. Hoy, los hijos de mis hijos pueden estudiar en colegios bilingües, en universidades extranjeras, tienen puestos de trabajo, en general, salvo dificultades que todos conocemos. Tienen posibilidades de trabajar si están preparados para ello, cosa que no ocurría en la Mallorca de hace cien años. La sociedad de Mallorca es injusta con el turismo como actividad, no reconociendo los grandes beneficios que ha aportado de todo tipo. De apertura mental, visión global, con la relación humana con otras culturas o personas.
Creo que la gran responsabilidad de esto está en la clase política, porque tampoco ha reconocido nunca en su dimensión lo que le corresponde, la gran aportación del turismo. Y seguimos hablando que la economía son los bancos o la construcción, cuando la economía más global que existe es la del turismo. Es la economía que provoca más efectos indirectos porque el turista consume productos de todo tipo, de todas las áreas. No se reconoce.
Desde la posición ignominiosa de no tener una facultad de turismo en Mallorca, que somos la primera isla turística del mundo. Que somos los pioneros de muchos otros países. Que somos quienes hemos traslado el ‘know how’ turístico a millones de personas de todo el mundo. Que estemos huérfanos todavía de una universidad turística es de vergüenza. Es un problema de los políticos. Y también de los propios empresarios, que quizá hemos sido miopes.
Hemos estado muy ocupados con nuestras propias empresas, porque todos venimos de economías familiares muy modestas. Y tuvimos que empezar de cero, con muy poca ayuda de los bancos, aunque nosotros hemos tenido en general muy buenas relaciones bancarias, pero con mucho esfuerzo y sacrifico. Con lo cual, muy atentos a que nuestra empresa prosperara, y no hemos tenido tiempo para dedicarnos a otras cosas. Pero también tenemos una parte de responsabilidad, sobre todo en los últimos años, con una posición más holgada y una visión más completa.
Pregunta: ¿Cree que los empresarios deberían tener más altura de miras, mirar por el interés general de la industria, y haber hecho más campañas de concienciación para transmitir a la sociedad beneficio que aporta el turismo?
G. B.: Yo creo que esto sería muy discutible. Creo que las empresas básicamente tienen que dedicarse a ser exitosas. Tienen que dedicarse a mejorar a sus empleados, bien sea en retribución económica, bien sea en formación profesional, bien sea en promoción personal. Tiene que contribuir a la sociedad con sus impuestos y tienen que ser rentables para sus accionistas, para que la empresa pueda continuar. Esta es su misión principal, A partir de ahí, evidentemente tenemos otras resnposanbildiades. En nuestro caso, por ejemplo, este año tenemos doble fiesta porque cumplimos 25 años de la Fundación Barceló, que nació precisamente de los primeros gestos solidarios que tuvimos al tener una posición algo ya más desahogada las empresa. En aquel momento, los accionistas pudimos disponer de unas cantidades de dinero que no habíamos tenido en nuestra vida porque toda la vida habíamos reinvertido. Y en el año 1989, mi hermano y yo dimos 500 millones de pesetas entre los dos, que era una cifra importante en aquella época, para la Fundación Barceló. De nuestros propios bolsillos, sin afectar a la empresa que debía seguir su camino. Esta es una responsabilidad de las personas, no tanto de lasa empresas. Y creo que la comunicación de los bienes del turismo, de las bondades, tiene que ser una obra de toda la sociedad en su conjunto. Porque todos han sido beneficiarios de este sector.
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Pregunta: ¿Es la salida al Caribe de lo que más orgulloso que se siente por el punto de inflexión que supuso en la historia del turismo mundial y español?
G. B.: De lo que más satisfecho me encuentro es, en primer lugar, de mi capacidad de sacrificio para trabajar. Yo llevo, con este año, 75 años en activo de alguna manera. Empecé a trtabajar en 1939 a los 11 años y sigo trabajando a día de hoy, de una forma muy distinta a como lo hacía directamente al principio y durante mi época ejecutiva. Y actualmente. Pero yo nunca he dejado de trabajar. Yo llevo ahora en los últimos quince años dedicados prácticamente a la Fundación. Vengo todos los días y con unos recursos relativamente limitados, estamos haciendo una labor importante. Y sin falsas modestias hay que decir, que salvo las grandes fundaciones como La Caixa o la Fundación March, pocas fundaciones en Mallorca hacen lo que hagamos nosotros con nuestros recursos limitados.
Por lo cual, primero estoy muy satisfecho de mi capacidad de trabajo. Estoy muy agradecido a Dios por la salud que me ha dado, sin perjuicio de algunos incidentes a lo largo de mi vida, me ha dado una salud que me ha permitido seguir trabajando todos los días. En segundo lugar, de lo que me siento más satisfecho es de haber tenido la visión de haber trabajado en el turismo. La empresa la empezó mi padre con transporte de viajeros en autobús desde Felanitx a Palma, que no era una actividad turística. Y a partir del año 1950, empezamos nuestra actividad turística con los primeros turistas que venían a Mallorca después de la II Guerra Mundial. Y ahí empezamos nuestros contactos.
En 1954, yo empiezo mi actividad propiamente turística con la primera agencia de viajes que montamos en Palma. Y luego tengo muchas otras satisfacciones. La gran satisfacción de haber descubierto el Caribe. La gran satisfacción de haber donado todas mis acciones a mis hijos en 1993 y de haber renunciado a mi actividad ejecutiva en el grupo, delegando o dejando la presidencia del grupo compartida entre mi sobrino y mi hijo Simón Pedro. Y podría hacer una lista muy extensa de grandes satisfacciones. He tenido muchas más satisfacciones que disgustos.
Pregunta: ¿Desde su trabajo en la Fundación, también estará pendiente del resto de las actividades del grupo y de los negocios de comunicación?
G. B.: Sigo teniendo la información que me mandan mis sucesores y estoy perfectamente informado de como va, pero al mismo tiempo, y esto no se lo cree la gente, no estoy tomando, desde hace más de veinte años, ninguna decisión del grupo. Lo que sí estoy haciendo en algunas ocasiones es dar mi opinión. Y es cierto que muchas ocasiones no se me hace caso, lo cual me alegra muchísimo porque demuestra la madurez de mis sucesores, y además me alivia porque si se equivocan, se equivocan ellos, lo cual es un alivio extraordinario. Y además, es muy bueno porque están aprendiendo de sus errores, como yo aprendí de los míos. Con lo cual, estoy viviendo una satisfacción extraordinaria porque veo que lo están haciendo mejor que yo, que a la empresa es más importante que era que hace 21 años cuando la dejé. Disfruto de trabajar en la Fundación, aporto mi granito solidario a muchísima gente a muchos países que lo necesitan. Acabamos de hacer un colegio para 380 alumnos en Haití, un lugar que cuatro años después del terrible terremoto que he visto con mis propios ojos, se han hecho muy pocas cosas. Se ha hecho mucho para dar de comer y alojar a la gente pero se ha hecho muy poco para darle un futuro al país en forma de infraestructuras, de cosas que permanezcan en el tiempo y que faciliten la integración de las personas en el país en el futuro.
Hemos invertido tres millones de dólares en este proyecto y estamos encantadísimos. Hace unos años hicimos de 498 viviendas en Nicaragua, en Juigalpa, para que gente que no tenía casa y nosotros tuvimos la oportunidad de facilitarle una casa. Es cierto que no se la regalamos, sino que se la ofrecimos en unas condiciones extraordinarias porque una casa de unos 50 metros cuadrados con un terreno de 200 metros cuadrados, se la ofrecimos por 11.000 dólares, a pagar en 14 años sin intereses. Con lo cual, toda esa gente que no tenía posibilidades, destinando una pequeña parte de su sueldo, 70-80 dólares ,a su casa. Y hoy tenemos 500 familias, a más de 2.500 personas instaladas, en esta urbanización que hicimos.
Y así podríamos citar muchos otros proyecto que hemos venido haciendo, que son bastante desconocidos, a pesar de que este año hemos hecho un programa del 25 aniversario.
Fuente: http://www.reportur.com/mexico/2015/05/09/entrevista-a-gabriel-barcelo-por-los-30-anos-de-su-llegada-al-caribe/

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