Publicado Por: Puerto Plata En Línea 21 septiembre 2014

Desde la cima de la montaña Isabel de Torres se puede comprobar, con un poco de creatividad -pero sobrada admiración-, que la razón por la que Cristóbal Colón bautizó a Puerto Plata como tal fue certera. A ochocientos metros de altura, el horizonte es magnífico: el sol brilla sobre el océano Atlántico, en la costa norte de República Dominicana, y adquiere un destello plateado que fascina a cualquiera, como hace más de quinientos años lo hiciera con el mismísimo Colón.
Lo que al descubridor le habrá llevado bastante tiempo y esfuerzo comprobar, hoy implica un simpático paseo de diez minutos en el teleférico, uno de los atractivos de San Felipe de Puerto Plata, la ciudad más grande del norte del país.
Antes de comenzar el ascenso, en la entrada del predio, una banda nada improvisada toca merengue -ritmo nacional junto a la bachata y la salsa- a cambio de una merecida propina. Es el comienzo del viaje, pero la música será la compañía incondicional: los dominicanos llevan el ritmo en la sangre, y afortunadamente es contagioso.
Corazón americano
República Dominicana es sinónimo de playas paradisíacas y los argentinos encabezan la lista de visitantes sudamericanos. Punta Cana es la opción más popular, en la costa este de esta isla compartida con Haití. Pero bien al Norte -a doscientos kilómetros de Santo Domingo, la capital-, la provincia de Puerto Plata resulta una alternativa interesante y original, frente a la tradicional Punta Cana. Y lo logra trascendiendo sus bellas playas, para contar la historia del continente en cada rincón.
Porque la historia de República Dominicana es la historia de América. El centro de Puerto Plata conserva casas de estilo victoriano, de fachadas coloridas y pintorescas de finales de 1800, que están salpicadas por la ciudad, pero se concentran alrededor del parque principal, el parque Duarte, donde se erige la catedral San Felipe Apóstol, corazón del casco histórico.
Sobre el malecón, aún se mantiene en pie, como eterno vigía, el fuerte San Felipe, el primero de la isla. Construido en el siglo XVI, sirvió como defensa contra los ataques de piratas y corsarios. Cerca de allí, en ruinas, pero de un incalculable valor histórico, están los restos de La Isabela, el primer asentamiento español en el Nuevo Mundo, fundado por Colón.
También conocida como la costa del ámbar , Puerto Plata le debe su apodo a las minas en la región donde aún se extrae este fósil prehistórico, conformado por resina vegetal que lleva millones de años en gestarse y queda inmortalizada en una piedra preciosa color miel.
Hay muchos museos en todo el país, pero el más importante está aquí. A pocos metros del parque Duarte, en una antigua casona, está justamente el Museo del Ambar. Allí se pueden admirar -y comprar- las joyas que los artesanos locales diseñan utilizando este fósil junto con larimar, la piedra nacional, de tonos azulados. También se exhiben piezas de valor científico, que poseen en su interior restos de hojas o insectos milenarios. Alguna quizá fue la que inspiró el comienzo de la película Jurassic Park , en la que el ADN de un mosquito atrapado en ámbar era el puntapié para recrear la prehistoria.
Playa, cayo y paraíso
Tantos siglos -y milenios-de historia ameritan un descanso en lo que todo destino caribeño se enorgullece en ofrecer: playas paradisíacas, mar transparente y cálido, arenas claras y mucho, pero mucho sol.
Puerto Plata posee un complejo conocido como Playa Dorada, que integra e interconecta catorce hoteles, cada uno con bellas costas, y la comodidad de no tener que moverse más que unos pocos metros de la habitación para disfrutar del mar.
También vale la pena salirse un rato del all inclusive y recorrer las otras playas de la zona, cada una con su encanto particular. A sólo veinte minutos, el pequeño pueblito de Sosúa es encantador. Con la montaña Isabel de Torre de fondo, abundante vegetación, arena casi blanca y un mar sin olas, como planchado, sus playas son de ensueño. El centro se concentra sobre la avenida Duarte, con barcitos y hostales inspiradores.
Muy cerca de allí, El Encuentro es una playa más rústica y ventosa, y por eso es conocida como una de las mecas para los amantes del surf. Para otros deportes acuáticos, como windsurf y kiteboard, está Cabarete, cerca de Sosúa y corazón de la vida nocturna en Puerto Plata. Sus variados barcitos de playa ofrecen comidas típicas de día, y de noche se iluminan con velas y luces de colores. La música lo llena todo, y locales y visitantes confluyen para bailar al ritmo caribeño, e inspirarse con algún trago con ron Brugal, emblema dominicano en el mundo, o una Presidente bien helada, tal como se pide la cerveza nacional.
Pero si de vivir una experiencia de película se trata, hay que levantarse bien temprano y viajar en auto casi dos horas -con paciencia, las rutas son precarias y sinuosas-, rumbo al límite de la provincia puertoplatense, hacia las costas de Punta Rucia. El escenario vuelve a cambiar y, cuando uno ya no espera una playa más bella que las vistas, el paisaje vuelve a sorprender. El mar llega suave a la orilla y mece a las lanchas que esperan a los viajeros dispuestos a vivir una experiencia a lo Robinson Crusoe . Así reza el anuncio del tour, que invita a conocer Cayo Paraíso. Y aunque el nombre suene redundante con la escena, no habrá mejores palabras para describir lo que se verá minutos después.
Cantinflas, el capitán, enciende el motor y fija el rumbo mar adentro, a ocho kilómetros de la costa. De repente, como emergido del medio del mar se ve un manchón blanco, que no llega a los 1000 m2 y parece un espejismo, un oasis inexplicable. Allí esperan la máscara de snorkel y las patas de rana para nadar entre corales y pececitos de todos los tamaños y colores durante un par de horas, en las que el mundo mismo parecerá algo totalmente ajeno a ese lugar idílico.
Para terminar subiendo la adrenalina después de esta experiencia, el capitán anuncia la retirada y la lancha enfila, veloz, hacia la zona de manglares, un verdadero laberinto de vegetación que es hábitat y protección natural de distintas especies de aves y peces. Pasado el mediodía, ya de regreso a la costa y entremedio de un reparador almuerzo, Reinhard Hass, el austríaco que gerencia el lugar, aclara con orgullo -y un singular acento- que Cayo Paraíso y todo el predio, incluyendo la zona de manglares, es parque nacional y está íntegramente protegido.

DAMAJAGUA: AVENTURA EN 27 CHARCOS

Si la experiencia playera necesita de una dosis de aventura, muy cerca de Puerto Plata espera otro paisaje y una experiencia más extrema para salirse -por un rato, al menos- de la arena. A poco menos de una hora de la ciudad se encuentran los 27 Charcos de Damajagua, tal como se conoce a este monumento natural que ofrece cambiar el horizonte caribeño típico por uno verde húmedo, casi selvático, y abandonar el mar salado por las torrentosas caídas de agua del río Damajagua, que nace en la Cordillera Septentrional.
Cambia el escenario, cambia la acción y también el vestuario: el guía asiste con casco, chaleco y un par de simpáticos zapatos de goma que conforman todo el equipo para salir a la aventura. Después de una caminata de quince minutos, entre árboles y el todavía tímido curso del río, aparece el piletón natural que será el punto de partida y conforma el primer charco de los 27. Ahí se entiende que lo que llaman charco, en verdad no es tal. Se trata de un apodo cariñoso para las piscinas naturales, consecuencia de verdaderas cascadas y cascaditas que a lo largo del recorrido podrán cobrar alturas de hasta 13 metros.
El agua es verde esmeralda y cristalina, con una temperatura agradable que se va tornando cada vez más fría, a medida que uno se adentra en esta selva cerrada que no deja pasar el calor del sol.
Un chapuzón y con un par de brazadas se llega a la primera cascada que, con ayuda de los guías, literalmente se trepa, en contra de la corriente. Otro piletón, más brazadas y a continuar con energía el ascenso, hasta completar el primer tramo, que constituye siete charcos y es suficiente para llevar una mañana completa y quedar satisfecho con la hazaña. Si bien el recorrido total es de 27 ( www.27charcos.com ), no es común completarlo por lo largo e intenso y, además, porque al esfuerzo de la ida hay que sumarle la adrenalina de la vuelta: todo lo que se sube trepando, se baja? deslizándose.
Así esperan las cascadas que minutos antes se escalaron, ahora convertidas en toboganes tallados entre las rocas. Sólo hace falta cruzar las manos en el pecho, respirar hondo y saltar.

DATOS UTILES

Cómo llegar
  • Taca vuela desde Buenos Aires vía Lima hasta Santo Domingo. Cuesta desde: US$ 1800. Desde la capital dominicana, son 200 kilómetros en ómnibus o transfer privado hasta Puerto Plata.
Qué hacer
  • Museo del Ambar: en pleno centro de la ciudad, entre las calles Duarte y Emilio Prud'homme. Su tienda de regalos ofrece suvenires prehistóricos y artesanías con larimar, la piedra nacional. Entrada: US$ 1. Abierto de lunes a viernes, de 8.30 a 17, y sábado, hasta el mediodía.
  • Ocean World: para toda la familia, el lugar indicado para salir de la playa y pasar un día diferente, nadar con delfines y lobos marinos, y pasear por los aviarios de pájaros tropicales. Pase diario: adultos, US$ 165 y niños hasta 12 años, 120 (incluye nado con delfines).
  • Fábrica de ron Brugal: la marca más emblemática de República Dominicana, líder nacional y tercera en el mundo, tiene su fábrica en Puerto Plata. Visitas guiadas y degustaciones, de lunes a sábado, de 9 a 17. El costo de una botella de litro, alrededor de US$ 10. www.brugal-ron.com
  • Cayo Paraíso: la excursión imperdible en el límite de la provincia de Puerto Plata. Incluye lancha, snack y equipo de snorkel en el cayo, almuerzo buffet al mediodía y paseo por los manglares. Sin traslados, desde US$ 40. La opción de lujo: ir navegando en catamarán privado desde La Isabela, en el centro de la ciudad. Desde US$ 150.www.cayoparaisord.com
Dónde dormir
  • Hotel Gran Ventana : sencillo, cálido y familiar, una opción para viajeros sin grandes pretensiones. Desde US$ 130 por persona en base doble, www.granventanahotel.com
  • Viva Whyndam Cabarete: cerca del centro de Cabarete, desde US$ 165 por persona, en base doble.
  • Be Live Grand Marien : un cinco estrellas de línea moderna y despojada, desde US$ 131 la noche; www.belivehotels.com
  • Iberostar Costa Dorada : más de 500 habitaciones, shows de música en vivo y entretenimiento para toda la familia. Desde US$ 180.
  • Casa Colonial: el gran destacado para quienes buscan una opción sofisticada. Cuenta con cincuenta habitaciones, entre las cuales se han hospedado celebridades como Donatella Versace. Desde US$ 400.
  • Excepto Casa Colonial, todos los hoteles son en modalidad all inclusive.
Cómer y beber
  • Tostones : acompañan cualquier comida y resultan el snack nacional. Se trata del plátano verde frito, machacado y vuelto a freír. Delicioso, con sabor similar a la batata frita.
  • Mamajuana : es una de las bebidas tradicionales y más curiosas. Se compra la botella llena de raíces y hierbas secas, previamente curadas con alcohol, y luego se macera con miel, ron, licor o vino. Las hierbas absorben la mezcla y una vez que se termina se vuelve a llenar con el mismo cóctel. Dicen que es afrodisíaco y estimulante. Desde US$ 10.
  • Morir soñando : un licuado helado, hecho con hielo, leche y china, tal como le llaman a la naranja. Refrescante, para combatir el calor caribeño.
  • Mofongo: es uno de los platos preferidos de los locales y lleva -por supuesto- plátano verde frito, aplastado con ajo y carne de cerdo.
  • Café Santo Domingo y chocolate Embajador: en la tierra del cacao y el café, los elegidos de los locales. Se consiguen en todos lados, incluso en el aeropuerto, pero sin duda el mejor precio está en Tiendas La Sirena, desde US$ 1. www.tiendalasirena.com
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1429349-republica-dominicana-mar-de-conquista

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