Publicado Por: Kelvin Almeida 31 agosto 2012

Al entrar a la instalación, tropiezas con el seductor aroma de un chocolate fresco que penetra hasta por los poros. Son mujeres de tez mulata acabaditas de salir del horno con sonrisas impecables que llenan el alma más vacía de Palmar Grande (Altamira, Puerto Plata). Así te sientes al poner tus pies sobre el cemento liso de El Chocolate de la Cuenca de Altamira (El Chocal), donde ángeles caídos del cielo te transportan al fantástico mundo de los chocolates orgánicos.

Estas damas, llenas de entrega y determinación, forman parte de la Red de Mujeres Rurales (Remura). Son 22 mujeres del municipio de Altamira que se dedican a la elaboración de productos orgánicos. Mejor conocidas como “Las mujeres de Chocal”, estas socias comprenden edades entre los 30 y 85 años de acumulada juventud y comparten sus trabajos y experiencias con equidad y amor.

De manera orgullosa, decidieron dejar sus oficios pasados para integrarse a este proyecto innovador que lleva cinco años de ejecución. Estilistas, profesoras y amas de casa sueltan los utensilios para organizar y crecer en la microempresa que ha transformado la comunidad. Luz Melecia Parra, coordinadora; Noemí Crisóstomo, sub-Encargada; Milagros Parra tesorera; Yudelka Francisco, encargada de Producción y Maquinaria; Celenia Medina, encargada del área dulce; Julia Minaya, ventas;  y Altagracia Padilla, son quienes se atrevieron a ser emprendedoras y trabajar el cacao para recuperar la dignidad laboral y emocional de sí mismas.

“El Chocal” surge tras la necesidad de crear una fuente de empleo para los compueblanos del municipio puertoplateño. En vista de que los terrenos engendraban cacao, lechosa, jagua, mandarina, chinola y cereza de extrema calidad, miembros de la Fundación de Desarrollo Loma y Salud (Fundelosa) crearon los espacios de interacción entre los 51 productores orgánicos de la localidad y las mujeres que tanto ansiaban expandir sus horizontes. 

Estas mujeres, que con sus manos surten a Puerto Plata y otras provincias de la región, elaboran más de 25 productos derivados del cacao y otros frutos cosechados con especial cuidado, de donde extraen vinos, licores, galletas, cocoa y chocolate para degustar en barritas, con forma de ositos, miniconitos y también bomboncitos.

Labor diaria
Desde las 8: 00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde, las mujeres de Chocal se saludan con un: “Ay ñeñe, vieja” y relatan cuentos al momento de trabajar. Tomando tragos de vino, de lunes a viernes se embriagan de perseverancia y se resacan de orgullo al pensar en que pueden aportar de manera activa al desarrollo de su familia y su comunidad.

“El cacao llega fermentado y seco. Medimos el grado de humedad, limpiamos las semillas de cacao, las colocamos en el tostador, luego a la trituradora, las pasamos a la denteadora para extraer las partículas de las cascarillas  y luego pasamos al molino para hacer la pasta para los chocolates. Es evidente que la mujer se gobierna”, expresa Noemí Crisóstomo, sub-encargada del proyecto junto a sus seis compañeras. Con madera de líder, Noemí sonríe al compartir que también estudia contabilidad en el recinto puertoplateño de la  Universidad Autónoma de Santo Domingo. Mujeres líderes, elocuentes y serviciales, han sido capacitadas en distintas áreas gracias al Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep), con el que han conocido la oratoria, mercadeo y ventas, cómo hacer inventarios, contabilidad y etiqueta y protocolo. También han recibido el apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID siglas en inglés), la Misión de Taiwán y el Programa de las Micro Pequeñas y Medianas Empresas (Promipymes) quienes han aportado a la creación y continuidad sostenible del proyecto. En Facebook las encuentras como Chocal Chocolates de Altamira.

En estos tres años de gestión, las mujeres de Chocal no solo envían muestras de sus productos a países europeos, también reciben visitas de nacionales y extranjeros periódicamente, y esperan la organización de una ruta turística que promete ser estructurada por el Ministerio de Turismo; lo cual soplaría desarrollo para comunidades aledañas, de Altamira y un fiel regreso de quienes les visitan.

Necesidades
De hablar impecable es Noemí Crisóstomo, la segunda al mando de Chocal. La fábrica tiene registro sanitario, RNC, código de barra y contabilidad clara. Necesitan apoyo en la confección de las etiquetas que salen carísimas. Están confiadas en el discurso de Danilo Medina al asumir la banda presidencial. ‘‘Dijo que ayudaría a las Pymes y sería lindo ver los chocolates de Chocal en los regalos de Navidad”, sueña Noemí.
Días antes de ser juramentado como ministro de agricultura, Luis Ramón Rodríguez les visitó. Esperan que el servidor público no se olvide de ellas y las comunidades rurales que representan. La red de ventas de sus productos incluye colmaderos, supermercados de la zona y vendedores individuales. Mucha gente llega preguntando por el vino, las tabletas, el golfio... Se atrevieron a ser emprendedoras y trabajar el cacao para recuperar la dignidad laboral y emocional de si mismas.

Por:
Jesenia De Moya y Grisbel Medina R.
jesenia.demoya@listindiario.com
Palmar Grande, Altamira, Puerto Plata

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