Publicado Por: Kelvin Almeida 17 noviembre 2011

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Los peores augurios de Mario y Carolina se confirmaron a las cuatro y veinte de la tarde de ayer: su hija Avellaneda, con apenas 17 años, nacida en Puerto Plata había aparecido muerta en una cantera situada entre Collado Mediano y Alpedrete, en la Sierra madrileña. Horas antes, sobre las nueve y media de la mañana, la Guardia Civil detenía al sospechoso número uno del crimen. Un joven colombiano, de 22 años y sin antecedentes policiales, que confesó haber retenido, matado y escondido el cadáver de la menor, desaparecida desde el viernes en Villalba (Madrid). Habían mantenido una relación informal y corta un tiempo antes. La ruptura no fue amistosa. Ni siquiera la madre de ella conocía el romance, y el homicida confeso tenía ya otra novia.

La pesadilla para la familia comenzó el viernes por la noche. Desde hace tres meses, la madre, la dominicana Juliana Carolina Chevalier, y su pareja, el colombiano Mario Antonio Galárraga, regentan un bar de copas-karaoke en la calle de Ignacio González, 49, en Collado Villalba (Madrid). Avellaneda colaboraba con ellos en sacar el negocio adelante. A la una de la madrugada del sábado, la chica recibió una llamada. Fue el sospechoso quien la telefoneó, y entre ellos se produjo una pequeña discusión. Avellaneda le dijo a su madre que iba a salir un momento para hablar por el móvil y que luego regresaría a casa.

Pero pasaron los minutos, y, más o menos un cuarto de hora después, la madre no daba con su hija. En la calle no había rastro de ella y tampoco contestaba al teléfono. Luego, alguien apagó el aparato. «Había un coche aparcado, pero no dije nada porque pensé que no iba a estar ahí —afirmaba la madre a Ep antes de conocer la tragedia final—. No quise avisar a mi marido, pero, al final, vio que estaba rara y me preguntó qué me pasaba».

La respuesta de Juliana Carolina fue clara: «Le dije que Avellaneda no aparecía; nos tocó cerrar e irnos. Volvimos a la casa, al bar, y a las tres de la madrugada pusimos la denuncia en el cuartel de la Guardia Civil».

El Equipo de Policía Judicial de Collado Villalba comenzó entonces la investigación. Lo primero que hizo fue tomar declaración a los padres y demás familiares de la menor. Manifestaron que no había ninguna razón en casa para que la chica hubiese querido escapar. Luego, se pasó a los amigos y compañeros de clase de Avellaneda, con la finalidad de descartar que se tratara de una fuga. Y ahí, en ese círculo amistoso, fue donde los agentes encontraron a su sospechoso. Porque las propias amigas de Avellaneda indicaron que la chica había mantenido hacía un tiempo una relación breve con un chico de 22 años, colombiano y que se llama Joaquín.

Con todo, la ronda para recabar más testimonios continuó hasta el martes por la noche, con dos varones, un colombiano y un dominicano, que no fueron detenidos. Pero la pista ya estaba sembrada y la peor de las hipótesis iba cobrando fuerza.
«Sí, la maté yo»

La Guardia Civil se puso en contacto con Joaquín y le citó a declarar en el puesto del pueblo ayer por la mañana. Y acudió. Los agentes comprobaron que había incoherencias entre lo aportado por las amigas de la víctima y por el sospechoso, y sobre las nueve y media de la mañana quedó detenido. El interrogatorio fue duro e intenso, hasta que se consiguió que Joaquín confesara los hechos: «Sí, la maté yo. Fue el mismo viernes por la noche», vino a decir.

Luego, en presencia de su abogado, comentó que había abandonado el cuerpo de la adolescente en una especie de acequia de una cantera abandonada. Conocía la zona porque trabajaba cuidando caballos en ese mismo Camino de los Barrizales. Se trata de un paraje con amplias fincas y chalés situado entre los términos municipales de Alpedrete y Collado Mediano, vecinos de Collado Villalba, donde capturó a Avellaneda.

La Guardia Civil movilizó a los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) y a su Sección Canina, que partieron hacia el erial sobre las tres de la tarde. El cuerpo estaba en la cantera, entre piedras y en una zona pantanosa, con varios golpes en la cabeza propinados con un cascote. Llevaba la misma ropa de la noche en que desapareció.

Mientras, el panorama en el negocio familiar era de lo más desolador. Aunque la fatal noticia llegó una hora más tarde, Juliana Carolina y Mario Antonio lloraban desconsolados, acompañados de una asistente social municipal. Con ellos, un puñado de amigos y compatriotas. Cuando recibieron la fatal noticia, la madre de la víctima tuvo que ser sacada en volandas del bar y sedada en un centro de salud. Fuera, los vecinos montaron un improvisado altar.

El alcalde de Collado Villalba, Agustín Juárez, ha anunciado dos días de luto y la celebración hoy de un pleno extraordinario y una concentración de repulsa.

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