Publicado Por: Kelvin Almeida 11 mayo 2011

/Bernardo Vega


Durante el gobierno de Ulises Heureaux, mejor conocido como “Lilís”, en 1887 y 1890 se entregaron dos concesiones a un americano y a un inglés para que, en terrenos del Estado que recibirían gratuitamente, ubicados en las márgenes de los ríos de La Romana, Cumayasa y Chavón, establecieran “grandes hoteles destinados a servir de mansión de invierno a individuos acaudalados norteamericanos y para edificios, iglesias, teatros, plazas públicas y casas para habitación y hospedaje de extranjeros”. También podrían establecer “fondas, posadas y otros grandes edificios destinados al alojamiento de personas de Estados Unidos que quieran pasar el invierno en aquellos sitios”.

Si las concesiones tenían éxito el Estado le entregaría las tierras “a título de propiedad perpetua”. Las concesiones eran por cincuenta años. Sin embargo, como nunca iniciaron obra alguna el Estado no cedió ninguna tierra.

Unos veintitrés años después la South Porto Rico Sugar Company adquirió inmensas extensiones de tierra allí para sembrar caña pero ordenó a sus agrimensores que no midieran ni se comprara en las zonas de playa ya que allí no se daba la caña. Por eso quedaron fuera de la propiedad del Central Romana todas las playas de la región de Bayahibe, las del hoy Parque del Este, Punta Cana, Macao y Uvero Alto. Cuando unos sesenta años después el señor Charles Bluhdorn decidió desarrollar el turismo en sus propiedades, se encontró con que no tenía playas, pero, sorprendentemente, tuvo éxito.

En 1968 quien esto escribe era asesor económico del entonces Gobernador del Banco Central Diógenes Fernández y fue enviado a México a una reunión. Como coincidió con un fin de semana, amigos del banco central mexicano me invitaron a ir a Yucatán pues ese banco estaba en proceso de adquirir, con recursos de un préstamo del Banco Mundial, grandes extensiones de tierra para un desarrollo turístico que luego se conoció como Cancún. Al regresar convencí al Gobernador Fernández de desarrollar un plan parecido ya que con la plusvalía de los terrenos el banco podría repagar el préstamo y cualquier inversión. Desde Washington llegó un técnico en turismo de origen libanés. Como yo había recorrido la zona de Macao le dije que allí estaban las mejores playas del país. Fue a la zona y también a Puerto Plata y concluyó que el Banco Mundial sólo prestaría los fondos si el proyecto era en el norte, ya que en la zona de Macao-Bávaro-Punta Cana no había gente, comida o poblaciones cercanas. Nuestro Banco Central construyó Playa Grande y el aeropuerto Gregorio Luperón. Nuestro sector privado construyó Macao-Punta Cana con recursos propios, aeropuerto, energía eléctrica, acueductos, etc. aportando el Estado sólo carreteras. Hoy día más del 50% de nuestro turismo llega a través del aeropuerto de Punta Cana y Puerto Plata está en crisis. Moraleja: el sector privado sabe más de oportunidades que técnicos de organismos internacionales. Nunca he sabido si nuestro Banco Central pudo recuperar su inversión en el norte.

Hoy día existe otra oportunidad: como los ministerios de Medio Ambiente y Turismo están actualmente en un mismo edificio, se presume que podrán coordinar sus políticas. Si Medio Ambiente determina qué se puede y qué no se puede hacer en Bahía de Águilas, si Turismo determina qué incentivos se pueden ofrecer allí y si el Estado garantiza a inversionistas que ahí compren tierras que asume cualquier demanda judicial de terceros, ya que unos congresistas reformistas “repartieron” la zona para reforma agraria cuando esas tierras sólo producen cactus, el país podría contar con un nuevo polo turístico, desarrollado por el sector privado, al igual que el Punta Cana-Macao y La Romana. Los cruceros que tocan la costa norte de Jamaica serían los primeros que llegarían allí.

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