Publicado Por: Kelvin Almeida 05 febrero 2012

Más allá de la archiconocida propuesta de Punta Cana, la República Dominicana tiene muchos rincones, quizás no tan conocidos , pero llenos de sorpresas. Lugares que fueron descubiertos mucho antes del boom del turismo en el Caribe, y que hoy narran infinitas historias y proponen imborrables postales.

Puerto Plata -a 200 kilómetros de Santo Domingo, sobre la costa norte del país- se pavonea orgullosa por deberle su nombre al mismo Cristóbal Colón.
Resulta fácil comprender en qué estaba pensando el conquistador al bautizar a esta ciudad: el reflejo del sol sobre el Atlántico y la blanca arena, envuelve el paisaje con un destello plateado.

Pero, como en todo, hay dos bibliotecas: otra versión, muy fuerte, dice que esos destellos eran emitidos por un árbol de la zona, llamado grayumbo, cuyas hojas son muy verdes en su anverso y bien plateadas en su reverso. También por obra del sol, el reflejo plateado se veía brillar desde lejos.

Este escenario paradisíaco, con las palmeras, las aguas “planchadas” y tibias y las
espaldas bien cubiertas por montañas de vegetación exuberante, tiene todas las condiciones para convertirse en un polo de atracción para turistas de todo el mundo.
Playas para todos los gustos. Los más cómodos encuentran lo que quieren en el complejo conocido como Playa Dorada.

Allí se concentran 14 hoteles incluso los all inclusive, esa fórmula íntimamente ligada al éxito del turismo en Dominicana, donde es posible disfrutar de la playa, desarrollar actividades deportivas, asistir a espectáculos, comer y tomar tantos mojitos como el capricho mande sin necesidad de salir del hotel y todo por un mismo precio.

Pero, y aquí está el mayor secreto de Puerto Plata, a diferencia de otros destinos dominicanos también hay mucho para ver fuera de los límites del complejo turístico.
Una ruta tan sinuosa como rodeada de una vegetación que parece invadirla nos conduce a pequeños poblados costeros aledaños a Puerto Plata.

Sosúa. A unos pocos minutos se encuentra Sosúa, un pueblo que creció a instancias de una colonia judía llegada en la década del 30. Esta presencia todavía se siente en la arquitectura urbana, a pesar de que los habitantes originales se dispersaron.
En esta pequeña ciudad puede hallarse todo lo contrario al lujo de los all inclusive: humildes hoteles que alojan por un puñado de dólares, ferias de pintores de estilo naif y playas rústicas que convocan a los amantes de los deportes acuáticos.

Cabarete. Más allá en el camino está Cabarete, cuya línea costera está invadida por las sombrillas y mesas de numerosos bares que, cuando cae el sol, se transforman en el centro neurálgico de la “movida” joven de la región.
Aquí se confunden los turistas y los dominicanos, en baile frenético al ritmo del merengue y la bachata, bajo el lema “lo que pasa en Cabarete, queda en Cabarete”.
Sin embargo, para conocer el plato fuerte hay que hacer un par de horas en auto.
En las costas de Punta Rucia espera una lancha, que tras unos 20 minutos de navegación nos deposita en Cayo Paraíso.

Se trata de una isla con playas de arena blanca, de no más de mil metros cuadrados, que se alza humilde en medio del mar turquesa.
Apenas unas precarias construcciones de paja ofician de balneario, donde se pueden pedir patas de rana y snorkels para hacerse a la aventura en un mundo de arrecifes de coral que amparan coloridos peces.

La visita al cayo dura un par de horas y al regreso la lancha lo emprende veloz hacia un área protegida de manglares. En el lugar un laberinto de vegetación alberga a distintas especies de aves que eligieron el lugar como hábitat.
Elecciones: “llegó papá”

El domingo 20 de mayo de este año, se celebrarán elecciones en la República Dominicana para elegir presidente, vicepresidente y los llamados “diputados de ultramar”.

La campaña proselitista está en plena marcha y los candidatos sonríen desde los carteles y afiches. Los principales candidatos son, Danilo Medina, postulante que apoya el actual presidente, Leonel Fernández, e Hipólito Mejía Domínguez, del opositor Partido Revolucionario

Dominicano a quien, luego de un gobierno de desaciertos, se consideraba como un muerto político desde su salida del Palacio Nacional el 16 de agosto del 2004.
Pero, la política tiene esas revanchas y ahora, producto de las circunstancias, es considerado como un patriarca de las masas populares, igual o mejor que en la elección de 2000 que ganó contra el mismo Medina.

La campaña de Mejía Domínguez se basa en el encarecimiento de la vida para los dominicanos y en el “desmadre”, según su visión, de las políticas gubernamentales. En su eslogan lo plantea claramente: “Esto no tiene madre... llegó papá”.
Humor caribeño para estar primero en las encuestas.

Fuente: lavoz.com.ar

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